Los niños covid vuelven al cole 

Recuerdo que la vuelta al cole cada año me suponía un estado de sentimientos encontrados.
 

Ilusion por estrenar libros, ver a mis amigos, saber qué clase te tocaba, pero que pereza volver a la rutina, estudiar, madrugar... No puedo imaginar que sentiría si este año tuviera que volver al cole.

Desde el confinamiento y especialmente en estas últimas semanas en las consultas de Pediatria vemos muchas consecuencias de la situación actual.

Si os soy sincera cuando me descubro dándole vueltas al momento que estamos viviendo y cuál va a ser nuestro futuro cercano me obligo a pensar en otra cosa.

La vida ha cambiado, las mascarillas nos ocultan la mitad de la cara, conversaciones monotemáticas, actividades restringidas acompañadas de una incertidumbre constante en torno al cómo estaremos en los próximos 10 días.

Los adultos (o eso se nos presupone) tenemos la madurez para poder asimilar esta situación y llevarla de la mejor manera posible. Pero ¿qué pasa con los niños?

Recuerdo que durante el confinamiento los padres solían decir que los niños eran los que mejor lo llevaban. El ritmo frenético de la cotidianidad (colegio, deporte, dormir )pasó a compartir unos días con sus padres en familia y para muchos era una maravilla.

Según se ha prolongado esta situación todo el estrés acumulado, las noticias recibidas, las imágenes integradas, y la nueva vida han provocado que muchos niños tengan problemas.

Empiezan los dolores de barriga, de cabeza, los mimos de más, los miedos por salir a la calle, las malas palabras, el insomnio, las pesadillas... y con toda la razón.

Los niños más que nunca necesitan atención, que sus padres estén con ellos y que les enseñen que ellos pueden con esto y mucho más.

No son ni uno ni dos los que he visto con tics. Movimientos involuntarios, repetitivos por contracción de algún músculo (muy frecuente en la cara), parpadeo, guiño de un ojo... que los niños sienten la necesidad de realizar para sentirse mejor.

Ellos son capaces de aguantarse las ganas pero entonces va creciendo su deseo y tienen que hacerlos todos seguidos.

Si son sencillos y no asocian nada más los llamamos tics simples transitorios y no hay que hacer ninguna prueba. Tal y como han aparecido se van.

Estos movimientos suelen poner muy nerviosos a los padres, y de aquí como dice una compañera viene el tratamiento, papá, mamá tómense ustedes una tila.

Los niños manifiestan sus nervios, preocupaciones, ansiedades de muchas maneras y esta es una de ellas.

Intentemos "normalizar" esta situación y trasmitamos toda la positividad posible a nuestros hijos. El mundo sigue siendo maravilloso y hay muchas cosas que podemos hacer ahora y muchas más que podremos hacer en un futuro.

Pero sobretodo creo que debemos estar atentos a las necesidades de los niños. Evitemos los "que pesadito estás hoy guapo",

"Deja de hacer ese movimiento ya", "que te duermas de una vez y punto" y pensemos que igual nos quieren decir algo, que igual necesitan sentir calma, sentir que todo está bien.

Los niños necesitan a sus amigos, correr en el patio, hacer sus deberes, aprender a estar sentado en su aula, a escuchar a sus profesores...

Muchos niños con diferentes enfermedades (diferentes rangos de trastorno autista, retrasos del lenguaje, discapacidad intelectual... ) tienen como tratamiento el colegio. Gracias al colegio otros muchos tienen acceso a un comedor. Que a nadie se le ocurra privarles de eso. ¿O le quitarías la medicación a un epiléptico?

Usemos todas las medidas de protección recomendadas e incorporemos esta nueva vida a la rutina.

Hablemos, hablemos y escuchemos. No engañemos. Queramos infinito.

Son niños covid, pueden con todo.